Capítulo 3: El Altar de la Decadencia
El jet aterrizó sobre una pista de hielo pulido que brillaba como un espejo bajo la luz de las auroras boreales. Al abrirse la compuerta, el frío ártico golpeó sus rostros, pero no fue suficiente para apagar el calor que todavía emanaba de sus cuerpos tras la entrega en el avión. Alaric bajó primero, con su camisa negra desabrochada y una mano apoyada en la empuñadura de su daga, con la mirada de un lobo que entra en territorio enemigo. Isolde lo seguía, en