Capítulo 39: El Aroma del Destino
La transposición no fue un tránsito, sino una fractura del alma. El Núcleo del Edén se comprimió hasta convertirse en un punto de luz cegadora que arrastró a Alaric, Isolde y al niño a través de los meridianos de la Tierra. Durante unos segundos que parecieron siglos, no fueron carne ni hueso, sino información pura viajando por las arterias de cristal del planeta. La sensación de desintegración fue compensada únicamente por el agarre de Alaric; su mano era el ú