El amanecer en Siwa trajo consigo una luz de color ámbar que se filtraba por las celosías de la casa, dibujando patrones lineales sobre el suelo de barro cocido. Sin embargo, el ambiente en el comedor principal no reflejaba la paz del desierto. El Dr. Aris había llegado temprano desde su refugio provisional, y ahora observaba el pequeño frasco de líquido dorado con una mezcla de fascinación científica y terror absoluto. Sus manos, nudosas y marcadas por las manchas de la edad, temblaban ligeram