El sótano de Siwa se había transformado en un útero de piedra y sombras, donde el tiempo parecía haber sido suspendido por el brillo del líquido dorado. Pero lo que debería haber sido un experimento científico se convirtió, en apenas unos segundos, en una experiencia de una sensualidad cruda y abrumadora. En cuanto Isolde tragó el destilado, su cuerpo no solo reaccionó a una sustancia; reaccionó a la presencia de Alaric con una ferocidad que la dejó sin aliento.
Alaric, sentado detrás de ella,