La noche era un manto pesado que parecía querer aplastarlo todo. Afuera, los bosques callaban, como si incluso las bestias temieran acercarse a aquella casa donde se libraba una batalla mucho más peligrosa que cualquier guerra: la lucha de un corazón dividido, la lucha de una herencia oscura contra un amor imposible.
Ciel se dejó caer en la cama, agotada después de tantas visiones, de tantas voces en su mente. El recuerdo de Artaxiel aún ardía en sus venas, como un veneno que no terminaba de ab