El titán de sombras rugía, cada fragmento de su cuerpo retorciéndose como un enjambre vivo. Artaxiel extendió sus alas, derramando oscuridad como un océano que devoraba todo a su paso.
Ciel dio un paso hacia adelante. Su cabello, azotado por el viento sobrenatural, brillaba con reflejos plateados y dorados. La mezcla en sus ojos era inhumana: el fuego de Artaxiel y la chispa de Ian se habían fundido, y esa dualidad la convertía en algo nuevo, imposible de definir.
—No necesito cadenas ni guardi