El aire se volvió pesado, cargado de electricidad. Los clanes patrullaban el territorio bajo las órdenes de Ciel, cuando de repente un grito cortó el viento. Una emboscada se estaba formando: Artaxiel había movido sus piezas más audaces, atacando con fuerza y sigilo al mismo tiempo.
Ciel percibió el peligro al instante. Sus runas brillaron intensamente, enviando ondas de energía que alertaron a todos los aliados cercanos.
—¡Ian! —gritó Ciel, su voz firme y autoritaria—. ¡Prepárense! No permitir