Una vez que culminamos la conversación, abandonamos la oficina. Casi al mismo instante escucho los gritos de mi nena provenientes desde la planta alta.
―Acaba de descubrir el mundo de sueños y fantasías que mandé a construir para ella.
Papá sonríe emocionado.
―Me temo que, por lo pronto, no querrá salir de allí.
Niego con la cabeza.
―Iré a verla.
Papá asiente en acuerdo.
―Yo aprovecharé e iré a tomar una siesta ―se dirige con su silla hacia el elevador que ordené―. Nos vemos en la cena.