Entro a la habitación que mandé a decorar para mi hija y la acuesto con cuidado en su cama de princesas. Va a flipar una vez que despierte y vea el mundo de fantasías en la que quedó transformada su habitación.
―Duerme, cariño, papi, nunca más se alejará de ti.
Ella se remueve y abre sus ojitos perezosos.
―Acuéstate conmigo, papi ―susurra, adormitada―, y abrázame fuerte.
Sonrío henchido de felicidad. Haría cualquier cosa que ella me pida. Me quito la chaqueta y la corbata y las dejo en la si