Ese dolor en el pecho que me quema hasta mis adentros, es un mal presentimiento. Mis instintos de madres me dicen que mi hija está en graves problemas. El dolor me ha dejado sin aliento y me ha sumido en un hueco sin fondo del que no puedo salir por más que lo intento.
Samuel abandona la habitación, lo veo moverse con presura. En cambio, yo, sigo pegada en el mismo sitio, recordando cada segundo que he compartido con mi hija desde que la tuve en mi vientre hasta que la oí llorar en aquel quiróf