Después de llorar por largos minutos como una Magdalena, sin entender la razón o motivo por la que verlo con esa mujer me causó tanto daño, decido tomar mi cartera y salir de la casa. No pienso estar aquí mientras esos dos se pasean por la mansión como un par de tortolitos enamorados. Iré a ver a mi hija y luego visitaré a Horacio, porque al parecer, su hijo ya ni se acuerda de él.
Abandono mi habitación hecha una furia y atravieso el corredor como un vendaval. Sin embargo, al llegar a la sala