Planto las palmas de mis manos sobre su pecho fornido y le doy un empujón para alejarlo de mí.
―¿Sueles tratar a todas las personas de la misma manera o solo a aquellas que consideras por debajo de tu nivel? ―niego con la cabeza―. No me extrañaría saber que no tienes amigos ―comento con desparpajo―. La gente, como tú, solo tiene lambiscones y pedigüeños que harán lo que sea para conseguir favores.
Cruzo los brazos sobre mi pecho y lo fulmino con la mirada. No pienso dejarme amedrentar por este