Samuel se aleja luego de amenazarme y procurarme una mirada fría que puede ser capaz de congelar el agua de todos los océanos. Azota la puerta con tanta fuerza que hace temblar las paredes del cuarto de baño. Inhalo una bocanada profunda de aire.
―Lo siento por eso, señor Horacio, pero su hijo hace que la chica mala que llevo dentro salga a desafiarlo.
Lo miro avergonzada, pero vuelvo a impresionarme al oírlo reír como si el espectáculo, en lugar de causarle bochorno, solo le provocó gran dive