Valeria abrió los ojos antes de que el reloj marcara las seis de la mañana. El mensaje de Rafael de la noche anterior seguía clavado en su mente como una daga: “Mañana a las 8 a.m. recibirás mi regalo final. Esta vez será algo que nunca podrás olvidar.”
Se levantó con el cuerpo pesado, el corazón latiéndole con fuerza. Diego dormía profundamente a su lado, el brazo protector alrededor de su cintura, respirando con calma después de la noche de pasión que habían compartido. Los niños —Mateo, Emma