Valeria se despertó con el primer rayo de sol que entró por la ventana. Eran las 6:12 a.m. El “regalo final” de Rafael aún flotaba en el aire como una niebla espesa. Aunque la casa estaba en silencio y Diego dormía plácidamente a su lado, ella sentía que la paz era frágil, como cristal a punto de romperse.
Se levantó sin hacer ruido, se puso una bata ligera y bajó a la terraza. El mar del Malecón estaba tranquilo, el viento suave traía olor a sal. Pero dentro de su pecho todo era tormenta. La p