El día de la reunión llegó más rápido de lo que Valeria hubiera querido.
Era un jueves soleado. El bufete había reservado una sala privada en un hotel del Malecón. Valeria se había cambiado de ropa tres veces antes de decidirse por un vestido negro elegante pero sobrio. Diego llevaba traje oscuro y la mandíbula tan tensa que parecía que podía romperse.
Lucas no había ido. Decidieron que era mejor que se quedara en casa con Isabella. El niño había pasado los últimos días callado, comiendo poco y