Valeria se quedó paralizada en medio de la suite del hotel, mirando el teléfono caído en la alfombra. La foto de Diego arrodillado con un arma apuntándole a la cabeza le quemaba los ojos.
Los niños seguían riendo y chapoteando en la pequeña piscina de la terraza, ajenos al infierno que se desataba a su alrededor.
Con manos temblorosas, Valeria recogió el teléfono y leyó de nuevo el mensaje de Rafael:
“Las acciones no fueron suficientes. Ahora quiero algo más personal. Dile a tu esposa que elija