Valeria sintió que el mundo se detenía. El video en vivo mostraba claramente al hombre de la gorra parado frente a la reja del colegio, con la mirada fija en el patio donde Mateo y Emma jugaban en ese mismo instante.
— ¡No! — gritó, levantando la voz en el restaurante—. ¡Mis hijos no!
Rafael Mendoza se recostó en su silla con calma, como si estuvieran hablando del clima.
— Es una garantía temporal, señora Montenegro. Solo un año. El niño o la niña vivirá bien, con todo lo necesario. Cuando Dieg