El llanto de un niño resonó en el almacén oscuro como un eco que atravesó el alma de Valeria.
Ella se quedó paralizada, mirando hacia el fondo del pasillo donde provenía el sonido. Rafael Mendoza seguía apuntando el arma a la cabeza de Diego, pero ahora sonreía con una satisfacción cruel.
— ¿Sorprendida? — preguntó Rafael—. Lucas llevaba meses pidiendo conocer a su padre. Hoy le dimos el gusto.
Un niño de aproximadamente diez años apareció en el umbral de una puerta lateral, sostenido por uno d