La noche fue eterna. Valeria no pegó ojo. Se quedó abrazada a Diego, escuchando su respiración tranquila, mientras su mente no dejaba de repetir las palabras de Rafael: “Si no retiras todos los cargos contra mí antes de las 9 a.m., le entregaré al juez una grabación donde tu propia madre admite que te vendió por dinero.”
A las 6:30 a.m. se levantó, preparó café y despertó a los niños con besos y abrazos. Mateo, Emma y Lucas la miraban con ojitos preocupados.
— ¿Hoy papá va a ir al juez? — pregu