Valeria no podía dejar de mirar la tablet. El video manipulado de Diego se reproducía una y otra vez en todas las redes, y los comentarios eran cada vez más crueles. “Monstruo”, “mal padre”, “hipócrita”. Lucas estaba sentado en el sofá, con los ojos rojos y la mirada perdida.
— Papá… ¿de verdad quisiste que yo desapareciera? — preguntó el niño con voz apenas audible.
Diego se arrodilló frente a él y tomó su rostro entre las manos.
— Nunca, hijo. Ese video está editado. Yo dije que no estaba lis