El reloj marcaba las 11:47 a.m. Faltaban trece minutos para el mediodía.
Valeria estaba de pie en la sala, con el teléfono en la mano, mirando la cuenta regresiva como si fuera una bomba. Diego caminaba de un lado a otro, hablando por teléfono con los abogados. Rosa estaba sentada en el sofá, pálida y callada, mientras Isabella revisaba los documentos por última vez.
Los niños habían sido enviados al jardín con Carolina y dos escoltas, pero sabían que algo grave pasaba. Lucas había preguntado d