Valeria colgó la llamada con Isabella y se quedó mirando el teléfono durante varios segundos. Tenía el corazón acelerado y la garganta seca, pero por primera vez en muchos días sentía algo parecido a la determinación.
Los niños seguían llorando en la sala. Carolina intentaba consolarlos con jugos y dibujos animados, pero nada funcionaba. Lucas era el que más lloraba, repitiendo una y otra vez:
— Es mi culpa… si yo no hubiera aparecido, papá no estaría preso.
Valeria se arrodilló frente a los tr