Valeria estaba de pie en la terraza de su casa, con una copa de vino tinto en la mano, observando cómo el sol se hundía lentamente en el horizonte del Malecón. El cielo se teñía de tonos naranjas, rosados y dorados intensos, como si el universo mismo quisiera celebrar con ellos. Era el primer aniversario de la renovación de sus votos y, al mismo tiempo, el primer año completo que vivían sin sombras, sin miedo y sin secretos que los destruyeran.
El viento suave del mar le acariciaba el rostro y