El tiroteo dentro del almacén era ensordecedor. Valeria cubría el cuerpo de Lucas con el suyo, sintiendo cómo el niño temblaba debajo de ella. Los disparos rebotaban contra las paredes de metal, y el olor a pólvora llenaba el aire.
— ¡Quédate abajo! — le gritó a Lucas.
Diego, todavía atado a la silla, forcejeaba con todas sus fuerzas para liberarse. Uno de los hombres de Rafael cayó herido en el suelo, gritando de dolor. Isabella, con el rostro lleno de furia, disparaba mientras avanzaba.
— ¡Su