Mundo de ficçãoIniciar sessãoLa tarde caía sobre la manada cuando Greta siguió, casi sin pensarlo, el rastro aromático que la guiaba directo hacia él.
Sus pasos eran rápidos, desordenados, su respiración irregular.Bark murmuraba inquieto dentro de ella:
—No mientas, Greta… no estás caminando, estás corriendo.
—Cállate, Bark —susurró ella, aunque el temblor en sus manos la delataba.







