Mundo ficciónIniciar sesiónLa tarde caía sobre la manada cuando Greta siguió, casi sin pensarlo, el rastro aromático que la guiaba directo hacia él.
Sus pasos eran rápidos, desordenados, su respiración irregular.Bark murmuraba inquieto dentro de ella:
—No mientas, Greta… no estás caminando, estás corriendo.
—Cállate, Bark —susurró ella, aunque el temblor en sus manos la delataba.
El camino la llevó a una pequeña plaza iluminada por faroles cálidos.
Allí, en el centro, de pie como si no existiera nada más en el mundo, estaba Theo.Él miraba su reloj, impaciente.
Greta dio un paso atrás.Entonces una voz femenina rompió la quietud.
—¡Theooo!
Greta sintió un pinchazo en el pecho.
Una joven de su misma edad, con un vestido color ocre q







