La noche había caído sobre la mansión Alfa como un manto espeso.
El silencio del territorio no era normal: era un silencio expectante, cargado de tensión, como si incluso el viento supiera que se preparaba una guerra.
En la sala de estrategia, solo cinco personas estaban presentes:
Theo, Greta, Rafael, Lana y Elara.
Bark vigilaba desde la mente de Theo.
Azura hacía lo mismo desde la de Greta.
La mesa central estaba cubierta con mapas del territorio, dibujos improvisados, rutas posibles y marcas