La habitación se quedó en silencio.
Tan profundo… que Greta sintió que podía escuchar su propio corazón quebrarse.
Elara acababa de pronunciar lo impensable:
“Si Bark vuelve a Theo… morirá.”
Greta retrocedió un paso… luego otro…
Sus brazos se cruzaron alrededor de sí misma con desesperación, como si quisiera evitar que su alma se desmoronara.
—No… —susurró apenas— no, no… eso no puede pasar. Bark no… él no…
Su respiración se aceleró; sus ojos se llenaron de un miedo crudo, infantil.
Un miedo que ni Theo ni Azura habían visto jamás en ella.
—Greta —Theo intentó acercarse para contenerla.
—¡NO! —explotó ella, temblando— ¡NO voy a perderlo! Bark es… Bark es lo más importante que tengo en este mundo. Es mi alma, mi fuerza, mi única constante desde que era niña.
Él… él me mantuvo viva cuando no quería seguir, cuando mi corazón estaba roto… él fue mi lugar seguro.
Su voz se quebró.
Greta apretó los puños contra su pecho, como si tratara de aferrarse al lobo que llevaba dentro.
Bark habló en