La luz suave del amanecer se filtraba por la ventana de la habitación, bañando la cama matrimonial donde, por primera vez desde su boda, Greta y Theo dormían realmente juntos.
Greta despertó con una sensación cálida y suave recorriéndole la espalda.
Abrió los ojos lentamente… y su corazón dio un salto.
Estaba prácticamente encima de Theo. Su muslo entrelazado con el de él. Su rostro hundido en su cuello.
Su brazo abrazándolo fuerte como si temiera perderlo en sueños. Y Theo estaba despierto… aunque fingía tener los ojos cerrados.
Su pulgar acariciaba con suavidad la piel desnuda de su espalda.
Greta se tensó de inmediato, intentando separarse, pero Theo la sostuvo con un abrazo firme, cálido… posesivo.
—No te vayas —murmuró con voz ronca de sueño—. Se siente bien estar así.
Greta tragó saliva y quiso hundirse bajo la tierra.
—Me… me quedé dormida encima de ti —balbuceó—. No me di cuenta cuando te abracé.
—Y no me molesta —respondió Theo, sin abrir los ojos aún—. Eres mi compañera. Es