38

Capítulo 38

La promesa del mar

El aire olía a sal, a tierra húmeda y a flores frescas.

Las olas se deslizaban una tras otra sobre la arena, formando una melodía suave que parecía calmar incluso el corazón más agitado.

El cielo, teñido de tonos anaranjados y dorados, anunciaba el final del día y el inicio de una noche clara, donde la luna llena aguardaba para iluminarlo todo.

Eva caminaba descalza, sintiendo cómo la arena tibia se deslizaba entre sus dedos. Tenía los ojos vendados y una mezcla
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