Amaia.
—Buenos días, señora Mountbatten —saluda con amabilidad una de las enfermeras del hospital.
Cambiaron la palabra señorita por señora desde que se propagó la noticia de que ahora soy una mujer casada. Le devuelvo la sonrisa por cortesía mientras atravieso el pasillo. Han pasado dos días desde la última conversación con Gael cuando evadió la pregunta que le hice sobre mi padre con una respuesta evasiva y sutil, pero de alguna forma creo que hay algo más que él no me dice, o no sé si he emp