Amaia.
Camino con la cabeza en alto hasta acercarme más a la puerta de la habitación. No titubeo. Luego el sonido de la cerradura girando tras la espalda de Gael consigue que se me erice la piel. No obstante, no lo demuestro. El temor no es una emoción que quiero transmitir. Por tanto, me enfrento a él sin dejarme intimidar, ni siquiera porque sus ojos ofrecen un destello tranquilo pero impregnado de frialdad y amenaza.
—Terminemos con esto —dice con voz baja mientras da un paso adelante—. Tend