Cassie
La respuesta de Kyle no fueron palabras, sino algo mucho más visceral.
Liberó mis muñecas, pero no para dejarme ir. Entrelazó sus dedos con los míos, forzando mis brazos contra la almohada por encima de mi cabeza, dejándome completamente abierta y vulnerable ante él.
Su mirada se ancló a la mía. Me observaba con una intensidad que puso mi corazón a latir como loco, tan fuerte que pensé que él podría escucharlo.
Buscó en mi rostro cualquier rastro de duda, pero solo encontró entrega. Me levanté lo suficiente para dejar un beso sobre su boca. Luego otro y otro.
Entonces, bajó sus caderas.
No hubo brusquedad esta vez, sino una lentitud agonizante y deliberada. Sentí su miembro presionando contra mi entrada húmeda y dilatada. Me llenó centímetro a centímetro, estirándome, ocupando ese espacio vacío que goteaba necesitando de él. Fué una invasión absoluta.
—Mía —gruñó, mientras terminaba de hundirse hasta el fondo, sus caderas chocando contra las mías con un peso delicioso—. Eres