Sara
James seguía enterrado profundamente dentro de mí, su polla palpitando y soltando los últimos chorros de semen dentro de mi coño dolorido.
Sus palabras flotaban pesadas entre nosotros: “esto cambia todo”. Por un segundo el miedo me apretó el estómago.
Levanté la mano, acaricié su mandíbula áspera y lo miré directo a los ojos.
—No cambia nada, James —susurré con la voz rota de placer—. Solo ámame. No hay nada malo en esto. Reclámame. Lo quiero también. Quiero ser toda tuya.
Algo salvaje bri