Grecia estaba de pie frente a la puerta, a punto de entrar, pero su nerviosismo era evidente. Las piernas le temblaban, como si en cualquier momento le fueran a fallar, y su mente estaba llena de pensamientos contradictorios. “Dios mío, dame fuerzas para tener el valor de decirle a Guillermo que voy a dejarlo. Tú sabes que no quiero hacerle daño, pero a ti no te puedo engañar, mi corazón le pertenece a Luis Fernando.” Pensaba mientras colocaba su mano temblorosa en la manecilla de la puerta, a