Guillermo asintió, y los tres se dirigieron de nuevo hacia la mansión. Al entrar, la tensión era inminente. Cada paso que daban resonaba en el silencio de la casa.
—Voy a revisar la cocina —dijo Mercedes—. Matilde podría estar allí.
—Yo revisaré su habitación —dijo Guillermo—. Grecia, ¿quieres que busquemos en su habitación juntos?
—Sí, vamos —respondió Grecia, sintiendo cómo su corazón latía con fuerza.
Grecia y Guillermo entraron en la habitación de Matilde, el aire estaba cargad