Grecia había salido de la oficina y bajó ansiosa al restaurante para encontrarse con Mercedes. Tenía que contarle la decisión que había tomado, sabía que a partir de ese momento cambiaría el rumbo de sus vidas.
—Pensé que jamás te desocuparías —dijo Mercedes, aliviada al verla.
—Sí, yo también pensé lo mismo, amiga. Pero vamos a sentarnos a una mesa y ordena que nos preparen el mejor menú, porque tengo que hablar contigo de algo muy importante —respondió Grecia, con un tono de seriedad qu