Mientras los exámenes de la pequeña Mónica estaban en curso, Luis Fernando y Grecia disfrutaban de la calidez de su hogar, rodeados por la risa y la energía de sus tres hijos. Los niños estaban fascinados con el pequeño Lorenzo, quien dormía plácidamente en su cuna, envuelto en una mantita suave y acogedora.
—Mami, ¿puedo cargarlo como lo hago con mis muñecas? —preguntó la pequeña Luisana con una ingenuidad desbordante, mientras miraba a su hermanito con sus ojos brillando de emoción.
—No, cari