Luis Fernando y Burgos, ya habían aterrizado en Cancún, y mientras se dirigían hacia el hotel, Luis Fernando iba sumido en sus pensamientos, su mente se perdía en el paisaje que desfilaba ante sus ojos. El vehículo avanzaba por la carretera, y él no podía evitar admirar la belleza del lugar; la brisa fresca entraba por la ventanilla, acariciando su rostro y llenándolo de una sensación de libertad que contrastaba con la nostalgia que lo invadía. Por un momento, se había olvidado de todos los pro