Mientras tanto en el apartamento del Cuervo...
La situación de la hija de Laura era cada vez más deprimente. Desde que Luis Fernando y Grecia no pudieron llevarla con ellos, la pequeña Valentina se encontraba sumida en una profunda tristeza.
—No quiero comer eso, sabe muy mal —decía la pequeña Valentina, empujando el plato de comida hacia atrás con desagrado. La comida que Susana le daba le causaba náuseas; cada bocado parecía un castigo.
—Pues eso es lo que hay y te lo vas a comer, o de lo con