Luis Fernando, al entrar en la habitación donde tenían a Laura, quedó en shock. No podía creer lo que estaba viendo. La escena era desgarradora: Laura estaba sentada en el suelo, rodeada de colchonetas que cubrían las paredes y el suelo, un ambiente diseñado para minimizar cualquier riesgo de autolesión. Su mirada era vacía, perdida en un mundo que solo ella podía ver, y su cabello desordenado caía sobre su rostro, ocultando parcialmente su expresión de angustia.
—¿Por qué la tienen en ese es