Ernesto lo miraba con desconfianza. A pesar de haberlo ayudado en muchas oportunidades representándolo legalmente, sabía perfectamente quién era en realidad Arturo Villaseñor: un hombre sin escrúpulos, despiadado, capaz de pasar por encima de quien fuera con tal de lograr sus ambiciones.
—Oh, perdona, Ernesto, no quise ofenderte con tu discapacidad—dijo Arturo con una sonrisa burlona—. Solo fue una broma. No tienes por qué ponerte así. Creo que lo mejor para enfrentar nuestras desgracias es b