Guillermo había llegado a casa con los niños, su corazón se encontraba en un estado de pesadez y su mente estaba llena de pensamientos contradictorios que lo mantenían confundido. Al entrar a la sala, sintió una gran soledad a su alrededor, a pesar de que los niños estaban con él; la luz del atardecer se filtraba a través de las cortinas, haciéndolo sentir una profunda nostalgia. En su mano, sostenía el celular de Monserrat, un objeto que representaba tanto su amor como su dolor presente. Cada