Isabella no pudo resistirse más. Levantó sus pequeñas manos y se aferró a su cuello con impaciencia.
—¿Qué tiene de malo besar? ¿No quieres besarme?
¡Ahora estaba siendo directa y atrevida!
Alexander la miró. Su delicado rostro estaba sonrojado, con lágrimas brillando en las comisuras de sus ojos. Se veía tan lastimosa como adorable.
Pero sabía que no era el momento adecuado. Ella aún era demasiado joven… no podría soportarlo todavía.
Reprimiendo sus pensamientos, Alexander tomó su manita, la frotó suavemente y le explicó a la borrachita con paciencia:
—Espera un poco. Entonces no serán solo besos… haré todo lo que quieras.
Jason se quejó en silencio: “No me trates como si fuera invisible. ¿Podrías comportarte decentemente por una vez?”
Alexander acomodó a Isabella en su regazo, luego la sentó a su lado. Revisó su ropa, bajó la ventanilla y, con indiferencia, le preguntó a Jason:
—¿Ya te encargaste de todo?
El subtexto era evidente: “Todavía no he besado lo suficiente. ¿Por