capítulo 41

Isabella no pudo resistirse más. Levantó sus pequeñas manos y se aferró a su cuello con impaciencia.

—¿Qué tiene de malo besar? ¿No quieres besarme?

¡Ahora estaba siendo directa y atrevida!

Alexander la miró. Su delicado rostro estaba sonrojado, con lágrimas brillando en las comisuras de sus ojos. Se veía tan lastimosa como adorable.

Pero sabía que no era el momento adecuado. Ella aún era demasiado joven… no podría soportarlo todavía.

Reprimiendo sus pensamientos, Alexander tomó su manita,
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