Alexander había hecho algo tan grande en secreto.
Isabella, algo confundida, se acomodó el flequillo con un pequeño peine. Ladeó la cabeza y miró a Chelsea con sus grandes ojos oscuros.
—Chelsea, ¿de qué estás hablando?
El corazón roto de Chelsea se derritió al instante ante la expresión adorable de Isabella.
Apoyó la barbilla sobre sus manos y la observó con ojos brillantes.
—Nada, nada… sigue peinando tu flequillo.
Isabella sonrió con suavidad. No quería exagerar con su arreglo, así que