Solo Tom entendió realmente lo que pasaba.
Había visto a Isabella en acción antes y sabía que no era una persona común.
Además, James —su ferviente admirador— no dejaba de hablarle de las hazañas heroicas de Isabella, relatando con detalle cada logro y éxito suyo.
Como consecuencia, Tom también empezó a admirarla.
Cuando escuchó a James animarla en voz alta, se acercó con curiosidad.
Echó un vistazo rápido a los datos en la computadora de Isabella, y en cuestión de segundos quedó atónito.