¡Qué despiadados habían sido!
Gordon los miraba con el rostro endurecido, la mandíbula tensa y los ojos oscuros.
A su lado, Jason fruncía el ceño, sintiéndose impotente ante lo ocurrido.
Sabía muy bien que Alexander estaba perdido por Isabella, condenado a vivir bajo el hechizo de aquella mujer el resto de su vida.
Pero lo que ella había hecho esa noche… había sido excesivo, incluso para ella.
¿De verdad era necesario llegar tan lejos cuando había una solución más simple?
¿Y por qué Alexa