El profesor sonrió ampliamente, con sincera alegría.
—Al final has venido a la Capital University. —Su tono era entusiasta—. ¿No habría sido mejor llegar un poco antes?
Su actitud tan abierta y afable tomó a Isabella por sorpresa.
No se parecía en nada a los profesores solemnes que había conocido. Él parecía amable, casi ingenuo, más un abuelo sabio que un académico severo.
—Estoy aquí ahora —respondió Isabella con suavidad, su voz tan cálida que resultaba contagiosa.
Los ojos del pro