Cynthia estaba desesperada.
“¿Quién dice que quiero ser su amiga? ¡Déjenme ir!” pensó con fastidio, forzando una sonrisa cortés mientras Steward seguía hablando.
Jim, por su parte, observaba la escena desde un costado, disfrutando tranquilamente de su libro. Solo respondía de vez en cuando, por cortesía.
Era raro ver a Cynthia tan incómoda, y aquello le resultaba curioso y hasta entretenido.
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Mientras tanto, Isabella regresó a la habitación privada.
Los demás seguían charlando animadamente, principalmente sobre la experiencia de George en el ejército.
Gordon y Jason escuchaban con gran interés, haciendo preguntas de vez en cuando.
Solo Alexander permanecía reclinado en el sofá, con los brazos extendidos y los ojos semicerrados, como si estuviera a punto de quedarse dormido.
Isabella lo miró divertida.
Aprovechando que nadie prestaba atención, le tiró suavemente del dedo debajo de la mesa.
Alexander no necesitó mirar para saber que era ella.
Era la única persona capaz de