La noche seguía siendo larga.
Isabella, recostada entre los brazos de Alexander, miraba fijamente el techo, completamente exhausta.
Él la abrazó con más fuerza y le dio un beso en la mejilla. Su voz sonó grave, ronca, cargada de satisfacción.
—Te lo advertí antes —murmuró—. Había pasado demasiado tiempo.
Isabella le dio una bofetada suave, más por fastidio que por enojo.
—¡Al menos podrías ser más amable! —protestó—. ¡Y no junto a la ventana! ¿No te da miedo que alguien nos vea?
Alexander arqueó una ceja y sonrió con descaro.
—Pensé que te gustaba.
—¡Argh! —Isabella suspiró, rodando los ojos—. ¡Soy demasiado inocente para esto!
---
En ese momento, la pantalla de su teléfono se iluminó.
Intentó desbloquearlo varias veces, pero sus huellas estaban húmedas y el sensor no las reconocía.
Frustrada, tomó la mano de Alexander, la limpió con la manta y usó su huella digital para desbloquear el dispositivo.
Alexander suspiró teatralmente.
—Creo que solo soy tu herramienta —dijo c